Estos últimos días me encontré envuelta en una ola de cariño y afecto que me recordó, una vez más, por qué amo profundamente esta profesión que abrazo hace ya más de 22 años. No es algo nuevo, sucede a menudo, pero esta vez se sintió distinto, más intenso, más luminoso.
Hace unos días participé en el 64.º Workshop de ACAV, y apenas podía avanzar un metro sin escuchar un “¡Profe!”, que venía acompañado de abrazos sinceros y sonrisas llenas de recuerdos. En esos instantes entendí la magnitud del paso del tiempo y la cantidad de alumnos y alumnas que han pasado por mis aulas. Hoy los veo volando alto en sus profesiones, construyendo su propio camino, y no puedo evitar sentir que, de alguna manera, dejé una huella en su recorrido. ♥️
Y como si eso no bastara, Ticiana, una alumna de primer año de la FTA, me sorprendió esta semana con una postal que me llegó directo al corazón. 🥹
Confieso que, a esta altura de mi carrera, me considero una profe “madura”… pero hay gestos que simplemente desarman.
Gracias, gracias, gracias a todos mis alumnos y alumnas, de ayer, de hoy y de los que vendrán, por llenar mi vida de felicidad, orgullo y sentido. Son ustedes quienes mantienen viva mi vocación, quienes me recuerdan que enseñar no solo se trata de transmitir conocimientos, sino de acompañar, inspirar y aprender juntos.
Todo lo demás (lo laboral, lo formal)… queda en un segundo plano. Porque al final del día, nada se compara con el privilegio de enseñar con el corazón. ❤️
